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sábado, 21 de septiembre de 2013

Foto: Yolanda Cruz

MEMORIAS

No quiero ser un cielo

No quiero ser un cielo,
prefiero afirmar mis tobillos sobre grava,
caminar entre cigarras,
vestirme de luna y  esconder grillos en mi pelo.
No quiero ser el cielo.

Prefiero ser tierra roja,
ardiente, resquebrajada y olorosa.
Ser musgo empapado de goce,
cambiar pestañas por pétalos
y dibujar perfiles de arena con el dorso de la mano.
Cabalgar un cuerpo entre volcanes
y morder con mis labios su carne entregada.

No soy un cielo, soy un mapa.
Escaso goce me provoca tan solo ser contemplada.
Yo no quiero miradas de lejos,
no quiero ojos que finjan adorar lo que no rozan,
lo que no lamen,
lo que no oyen.

No soy una bóveda celeste,
soy un pergamino,
astros de tinta y sangre marcan los límites
donde habita el alma de esta serpiente,
un mapa con curvas y tonos ocres
dispuesto a desplegarse con el roce de un tacto.

Reniego de ser ese cielo al que, a sabiendas, no se llega,
presente y ausente a un tiempo
ningún camino lleva ese rumbo.
El cielo, ese lugar en el que los alquimistas
disfrazados de magos encierran los sueños.

No, yo prefiero ser una vela blanca,
empapada de sal y de ganas,
las gotas que de ella arranca el aire,
el rostro en el que detienen su vuelo,
las manos que las secan,
las risas que las prolongan, no un cielo.

Un grito, un gemido, un llanto.
Ya devolví el trono celeste,
no quiero brillar ahí arriba en las noches de invierno,
¡soy de tierra, soy de pan!

Sacudo guijarros y mar.
Con brazos y piernas,
sigo el mapa de las estrellas,
aquí, abajo, donde los cuerpos se pierden
y las pupilas se marchitan,
aquí, donde se estrella la espuma,
donde se entierran los muertos.

(septiembre, 2013)