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jueves, 14 de marzo de 2013

Adiós - Marzo 2013

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ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE, DE ENTERRADOS VIVOS Y MUERTOS QUE QUIEREN DEJAR DE SERLO, PRIMAVERA DE CINE

Durante el mes de marzo y abril llegarán a la cartelera dos coproducciones europeas y una norteamericana en las que los límites entre la vida y la muerte parecen depender exclusivamente de la voluntad de los vivos y muertos. Los últimos días (Alex y David Pastor 2012), In darkness (Agnieszka Holland, 2011) y Memorias de un zombie adolescente (Jonathan Levine, 2012). Cine apocalíptico, drama y comedia, tres géneros diferentes para proponer una reflexión sobre los límites entre la vida y la muerte, en dos de los casos, psicológicos y surrealista en el tercero pero siempre traspasados por los protagonistas armados, únicamente, con su férrea voluntad.


Vivir enterrados en nichos de cristal
Los hermanos catalanes, Alex y David Pastor, estrenan el segundo largometraje que codirigen juntos,  Los últimos días (2012) este mes de marzo. La trayectoria de ambos parte de la realización de cortometrajes. Alex rodó en Estados Unidos Entre la multitud (2001) y Morrie (theater) Hero (2002) y ha ejercido de guionista en series de televisión como Al filo de las leyes y El barco. Mientras que David ha desarrollado su producción cortometrajística en España, La ruta natural (2004) y Peace maker (2006). Sería precisamente La ruta natural, corto con el que estuvo nominado a los Goya y obtuvo un considerable éxito en el festival internacional de Sundance, el que les abriera las puertas estadounidenses para codirigir su primer largometraje en USA Carriers (Infectados) (2009).

Los hermanos Pastor ahora escogen su ciudad de origen, Barcelona, para ubicar su segundo largo, una película de género apocalíptico que continúa con el tema de Infectados, las epidemias globales. Una mañana los habitantes de la Ciudad Condal despiertan víctimas de una epidemia de agorafobia que les impide abandonar sus hogares por miedo a morir en el exterior. Una visión postapocalipsis al estilo de El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962) que obliga a los seres humanos a auto enterrarse en sus nichos de cristal para mantenerse vivos.

Los protagonistas son Quim Gutiérrez, José Coronado, Marta Etura y Leticia Dolera. Gutiérrez encarna a un oficinista apocado que, tras los primeros días de aturdimiento postepidemia, se supera a sí mismo lanzándose a la calle en busca de su novia, embarazada, (Marta Etura), desaparecida en la otra punta de la ciudad. Una metáfora de superación de una clase social encerrada en sí misma.
La cinta, rodada íntegramente en Barcelona y en el Parc Audiovisual de Catalunya, ha contado con un presupuesto de cinco millones de euros y la coproducción de Morena Films, A3 Flims, Rebelión terrestre, TV3 y la francesa Les films du lendemain.

La vida en las cloacas
La directora polaca Agnieszka Holland, autora entre otras películas de Actores provinciales (1978), ganadora del Premio Fipresci en Cannes un año después, Amarga cosecha (1985) nominada a la Mejor Película en habla no inglesa para los Oscar o Europa, Europa (1990), ganadora del Globo de Oro y candidata al Oscar al Mejor Guion, presentó en la 56 Semana Internacional de Cine de Valladolid en el otoño de 2011 su última película, In darkness (2011), si bien la cinta no se estrena hasta este mes de marzo.
Se trata de una coproducción alemana, polaca y canadiense, cuyo argumento está basado en hechos reales. Los abusos y el genocidio judío centran la trama de esta historia que tuvo lugar en 1943 en la localidad polaca de Lvov. Soha y su socio Sczepek, dos delincuentes que se dedican al pillaje en el mercado negro, aprovechándose de la situación de pobreza y necesidad en la que tiene inmersa a su ciudad la ocupación alemana, acabarán siendo los benefactores, principalmente Soha, de un grupo de judíos que, escapados de un campo de concentración, buscan refugio en las cloacas.

En circunstancias adversas, la selección natural puede ser devastadora. El grupo de judíos que logra escapar del campo a través de un túnel, es la élite judía de la ciudad, cuyos hijos acabarán naciendo en la oscuridad, entre ratas y jugando con ellas, bajo la protección de un integrante del último eslabón de la cadena social, un delincuente de poca monta. Lo que, en principio, solo es una operación comercial, para ambas partes terminará siendo una relación de solidaridad y cariño.  La no vida en las cloacas para evadir la muerte segura que les espera en la superficie. La certeza del obligado sacrificio de unos pocos para salvar la vida del resto.

La bella y la bestia, el muerto y la viva
El joven director estadounidense, Jonathan Levine, especializado en los géneros de terror y comedia con títulos como Seducción mortal (2007), Ecos en la oscuridad (2008), The wackness (2008), con la que obtuvo el Premio del Público en Sundance y 50/50 (2011), estrena ahora una comedia romántica con pinceladas de terror, Memorias de un zombie adolescente (2012) una propuesta en la línea de la saga Crespúsculo aunque con los géneros más marcados.

El zombie “R” (Nicolas Hault) se enamora de Julie (Teresa Palmer), una chica viva y, para evitar que otros zombies puedan acabar con ella, la secuestra. Desde La bella y la bestia  (Jean Cocteau, 1946) a Átame (Almodóvar, 1990) el motivo de amor entre seres distintos de los cuentos tradicionales y el síndrome de Estocolmo no han cesado de ser un argumento recurrente en la producción fílmica. De una manera del todo previsible, durante el secuestro, la bella viva logrará tocar el alma de la bestia y el amor se instala en los corazones de ambos con idéntica intensidad. De ahí que, tras la fuga de ella para volver al reducto en el que se refugian los pocos seres vivos que quedan, el joven “R” irá cambiando sus modos y costumbres  para intentar emular en todo a un adolescente vivo y así pasar desapercibido en un mundo en el que los no muertos no tienen cabida, por amor.

La única salida para esta estrambótica historia de amor es la voluntad de un no muerto para regresar al mundo de los vivos en busca de su amada, una aventura tan peligrosa como la de Dante ya que bajar a los infiernos o regresar de ellos puede ser igual de pernicioso para quien se atreve a cruzar la frontera de lo imposible.

… Goya y el mar
María Belón, la superviviente del tsunami que asoló las costas de Tailandia en 2004, y en cuya historia se basó Juan Antonio Bayona para escribir Lo imposible (2012), tras recibir la estatuilla del Goya al Mejor Director de manos del propio Bayona, anunciaba su intención de arrojarla al mar en memoria de las 230.000 víctimas que el tsunami se cobró en Indonesia.
Sin precisar cuándo ni dónde, Belón se mostraba segura de una decisión que cierra el círculo perfecto de la historia. El propio Bayón ha declarado que el argumento vino del mar y que con este gesto de María, no hace sino regresar a él. Muy pronto, la preciada estatuilla pasará a formar parte del propio relato, reuniéndose en el fondo del mar con las miles de historias que en él vieron su final. In Memoriam.
 

lunes, 11 de marzo de 2013

PENSAMIENTOS


De los silencios al silencio 

foto: Yolanda Cruz



o de cómo sobrevivir a la belleza
  

El silencio es un estado del alma, imprescindible para respirar desde dentro y enderezar el norte. Esta definición es mía, es mi silencio, el que busco y disfruto en cada uno de mis bancos. Mi silencio, ese en el que descanso, es de color azul y huele a clavo y canela. El silencio que soy se esconde en un templo con siete puertas de entrada al infinitivo.

El silencio es una cometa allí fuera. Es un bálsamo, una recompensa.

Pero, ¿y los silencios? ¿qué hay detrás de los silencios?, miedo y supervivencia.
Los silencios son los parones, esos momentos en los que los puntos suspensivos sustituyen al diálogo, todos en la sala callan y alguien deja escapar el socorrido “ha pasado un ángel”, ¿por qué iba un ángel con su paso alado a provocar el silencio?... que un difunto, nombrado, pasease por entre los vivos y estos inclinaran la cabeza a su paso y le dedicasen un instante de silencio en la Roma clásica, no significa que cada vez que a alguien le de por perpetuar esa coletilla se mueva, etéreamente hablando, un difunto por entre los vivos. No, cuando se alude a ese ángel, lo que se intenta es cortar el hielo en el que parecen haberse congelado las palabras que no se han dicho porque ciertos silencios incomodan.

Para salvar la vida
Existen silencios que salvan la vida, esos silencios en los que se sumergen los gritos de protesta, las verdades, las denuncias, los derechos, para que los cuerpos sin boca, mudos de decencia continúen respondiendo a un latido y pasen de ser huésped a ser celda de las almas ya ciegas. Existen los silencios como los de los mutilados gallos mayas, que disfrazan de invisible a la tribu para sus enemigos. Los silencios que esconden las vergüenzas del amor cuando las caricias dejan cicatrices.

Y como no solo se sobrevive a la guerra, a la muerte, a los azotes, a la injusticia, sino que también se sobrevive al miedo, existen también silencios de los que ayudan a no despertar ni al que duerme ni al que vela.


“Por no despertarte te acaricio sin tocarte.
Te beso con los ojos, respiro en silencio el alma que desprendes,
duermo músculos y pensamiento, aquí, a tu lado, en esta cama de hojas que a solo pensarlas quieren crujir y acelerar el día.”

Los silencios que se visten de las palabras apropiadas son los peores. Se interponen como una cuña de cristal siempre al borde de astillarse, se presumen un puente entre dos y tú, una vez tomado el puente con la intención de acortar distancias, primero oyes el crujido, ese graznido amenazador, después te frenas y enmudeces tras una sonrisa de porcelana.

¿esclavos de nuestras palabras?, que quienes nos esclavizan son nuestros silencios. Nuestras palabras son nuestro pensamiento, y el mero hecho de ser capaces de pensarlas nos libera de cualquier esclavitud.

Pero sobre el puente, escoges un silencio camuflado. Salvaguardas tu vulnerabilidad porque lo que no nombras no es,  porque lo que no nombras no está, no existe. No, entre los dos y el puente de cristal, lo innombrable no tiene lugar, no duele.

“la cama flotaba a la deriva, vendió su corazón por levar el ancla, perderla y alejarse de cualquier puerto de cualquier acantilado por pequeño que fuera para evitar resquebrajar las aguas de cristal”

El miedo a las astillas de cristal ensordece esos silencios, los endurece y con ellos construye muros, torres vigía desde las que ver de lejos el otro lado del puente y lo que empezó siendo un baile de cinturas ahora ya es un tablero, un juego de cristal y de cemento, una falso juego de castillos y torneos con personajes mudos de arqueados y oscuros labios, de pechos blancos y fríos, de noches sabidas y mañanas repetidas.

Conozco la tribu de los hombres y mujeres de pieles tersas y brillantes. De aquellos que han sabido simular su avance como funámbulos en el cristal, como si patinasen sin prisas yendo al encuentro de las palabras ocultas tras la torre que corona el otro extremo de esa pista graznada y frágil. Hombres y mujeres sin un rasguño, de almas inmaculadas y correctas. Sí yo fui así de hermosa, velé sueños, levé anclas, dibujé labios y desterré ojeras.

Porque me pesó el cemento y me arriesgué a hacer caminos sobre el hielo hoy deambulo tatuada y mi tribu es otra. Mis pies golpean la tierra alrededor de una fogata, su resplandor tiñe sombras en la piel que ya no tengo, en la piel que he pagado por rasgar mordazas. Grité y desgarré el silencio. Rotos la porcelana y el hielo, dejé de hermosear para danzar sola. Pero ya no hay silencios que disfracen porque no hay miedo del que resguardarse. De los silencios pasé al silencio, ese en el que descanso, azul,  canela y clavo. Ese que soy, infinito y cierto.